Prisión, separación y exilio: padre e hija rusos marcados por un dibujo antiguerra
Cuando María Moskaliova tenía 12 años, hizo un dibujo de unos misiles volando sobre una bandera rusa hacia una mujer y un niño de pie junto a una de Ucrania. "No a Putin y la guerra", escribió sobre la bandera rusa.
Moscú acababa de invadir el país vecino, y el dibujo antiguerra cambió para siempre la vida de la niña, llevándola a ella y su padre soltero, Alexéi, por una ruta de separación, encarcelamiento y exilio.
La directora contactó a las autoridades de la pequeña ciudad de Yefremov, al sur de Moscú, donde vivían los Moskaliov, y rápidamente llegaron la policía y los servicios de seguridad.
Alexéi comentó que la policía le mostró el dibujo de María por primera vez. Él sostuvo que no habían hecho nada de malo.
"¿Qué tiene eso de delictivo?", preguntó a la policía. "Mi hija y yo no estamos en guerra contra Ucrania y su pueblo".
La policía amenazó con quitarle la patria potestad y examinó sus perfiles en redes sociales, donde encontró comentarios críticos de la guerra.
Alexéi sacó a María de la escuela, esperando que los dejarían en paz.
Pero meses después fue puesto en arresto domiciliario y luego sentenciado a dos años de prisión por "desacreditar a las fuerzas armadas rusas" por sus comentarios en redes sociales.
Intentó huir pero fue atrapado en Bielorrusia y devuelto a Rusia.
"Pasé por cinco prisiones", comentó Alexéi, de 58 años.
Dice que sufrió presión, abuso y celdas de castigo, pero lo más difícil fue la separación de su hija, a quien crió solo desde sus tres años.
- Aislamiento -
Rusia intensificó la represión de sus críticos tras invadir Ucrania en febrero de 2022.
Pero la separación de Moskaliov de su hija como castigo por criticar la guerra causó impacto en el país.
El Kremlin ha defendido el caso, y calificó a Moskaliov como un padre ""deplorable".
Tras la detención de Alexéi en 2023, María fue llevada a un albergue donde estuvo un mes, separada del mundo exterior.
"Estaba completamente aislada", recordó María, ahora de 16 años. "No sabía a quién preguntar sobre lo que estaba pasando".
Cuando Alexéi intentó huir del país, las autoridades le dijeron a María que "su padre la abandonó".
Eventualmente se fue a vivir con su madre, luego de que las autoridades la convencieron de recibirla.
La separación fue dolorosa para Alexéi.
Semanas después de su captura en Bielorrusia, recibió una carta de su abogado informando que María estaba a salvo.
- Sin arrepentimiento -
Recordó cómo otro preso intentó matarlo, un ataque que cree orquestado por las autoridades carcelarias.
Su compañero de celda era un mercenario de Wagner que intentó convencerlo de combatir en la guerra. Cuando Alexéi se negó, intentó estrangularlo de noche.
"Logré liberarme, pero sufrí heridas en la cabeza, había sangre, me golpeó la cabeza en la cama metálica".
Las semanas que pasó en la celda de castigo fueron intolerables.
"Para mí era una celda de tortura", dijo.
"Era horriblemente frío. Nos despertaban a las cinco y apagaban las luces a las nueve, y todo este tiempo tenía que estar de pie y moverme para no congelarme", contó
De noche tenía que cubrirse fuertemente para evitar mordeduras de ratas.
Alexéi pudo reencontrarse con su hija tras ser liberado de prisión en octubre de 2024, pero le quedó claro que la policía no lo iba a dejar en paz.
Poco después, él y su hija partieron a Armenia.
Querían ir a Alemania, pero ese país endureció sus reglas de asilo. Pasaron un año y medio esperando las visas alemanas pero nunca llegaron.
Al final, Francia los recibió.
Viven desde marzo en Estrasburgo, donde han buscado rehacer sus vidas. María intenta aprender francés para poder concluir la escuela.
Dice querer entrar en la política.
"Realmente espero que las cosas en Rusia mejoren", comentó la adolescente.
Ninguno de los dos lamenta haber hablado contra la guerra.
"Mis convicciones valen más para mí que cualquier riqueza en el mundo", declaró Alexéi.
E.Bauer--SbgTB